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Homilia 5º domingo del tiempo ordinario.

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?” 

Mt 5 13-16 Evangelio del 5º domingo del tiempo ordinario.

La sal adquiere una relevancia especial en la elaboración de los alimentos, tan especial que sin ella decimos que las cosas no tienen sabor. Sin ella, no nos agrada lo que comemos. La sal se vuelve inseparable del sabor de lo que comemos, tanto es así, que podríamos decir que la sal proviene del interior mismo de los alimentos.

El Evangelio de este domingo hace una afirmación que debiera elevar nuestra estima (autoestima), nuestro valor ante el mundo: ¡somos la sal!, somos los que damos sabor a la vida, sin embargo, nosotros mismos hemos perdido nuestro sabor. Ya no reconocemos nuestra propia personalidad y, a veces, ni siquiera sabemos quiénes somos.

A diferencia de la sal en los alimentos, que se añade para resaltar el sabor, nosotros hemos agregado el sabor a nuestra vida no de lo que surge del interior de nuestro ser, sino de las cosas que vamos añadiendo para nuestro uso. Así pensamos que seremos mejores si tenemos tal o cual objeto; pensamos que nos complacemos o complacemos mejor a los demás si añadimos más accesorios a nuestro diario vivir.

No nos damos cuenta que mientras más adquirimos, más vacíos nos vamos quedando, tan vacíos que ya no pensamos en nosotros sino en lo que tenemos qué hacer para seguir pagando y adquiriendo nuevas cosas. Nos vamos llenando de preocupación y de objetos que se van acumulando. Pensamos así, que la aceptación de nuestra persona está en función de lo que poseemos y no de lo que somos.

Dejamos de ser sal para el mundo; nuestras conversaciones se vuelven monotemáticas: sólo hablamos de dinero y necesidades, solo nos quejamos porque no nos alcanza. ¡No aportamos nada enriquecedor a la vida de los demás!

Este domingo el Evangelio nos invita a volver la mirada a nuestro interior para redescubrir de qué estamos hechos y qué debemos resaltar de nuestra persona y de nuestro carisma para dar sabor al mundo.

La primera lectura nos invita a darnos cuenta de que cuando encontremos aquello que se vuelve esencial en nuestra persona y lo compartamos con los demás, entonces comenzaremos a brillar, y comenzaremos a dar sabor a la vida porque clamaremos al Señor y el responderá: ¡Aquí estoy!

Ojalá las lecturas de este domingo nos hagan volver la mirada a nuestro interior para redescubrirnos o rescatarnos en la esencia de la vida, en esa esencia en la que el Señor depositó algunos granitos de sal que nos hacen dar sabor al mundo.

Ojalá las lecturas del día de hoy nos lleven a descubrir cómo podemos enriquecer a los demás con nuestra presencia y experiencia.

Que el Señor te haga valorarte por lo que Él ha hecho en tu creación y por los frutos que tú has dado en tu historia y qué tú aprendas a dar su justo valor a los objetos que adquieres para que no consuman tu vida y te dejen sin sabor.

Fray Gerardo Arias, O. P.

Frecuencia de Fe, viernes a las 6 de la tarde (hora de México), por Radio Católica Internacional.

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